domingo, 17 de febrero de 2013

CUARESMA






La Cuaresma comprende los 40 días de preparación para celebrar la Resurrección de Jesús y tiene su base litúrgica en los 40 días que Jesús pasó en el desierto preparándose para su vida pública, Pasión, Muerte y Resurrección. Comprende desde el Miércoles de Ceniza hasta antes de la eucaristía vespertina del Jueves Santo. Durante este tiempo los cristianos tratan de profundizar en la necesidad de una vida cada vez más coherente con el Evangelio y las enseñanzas de Jesús.

Es un tiempo de penitencia, de reconciliación, de cambio, de reflexión, de arrepentimiento, de querer ser mejores y de acercarse más a Jesús.



Un poco de historia 
Desde finales del siglo II, la preparación para la Pascua era de dos días de ayuno : Jueves Santo y Viernes Santo.
En Roma, a finales del siglo III, tras el Edicto de Milán y la libertad religiosa, la preparación era de tres semanas, en las que se ayunaba diariamente, excepto sábados y domingos.

Cuando en el siglo IV, se fijó la duración de la Cuaresma en 40 días, ésta comenzaba 6 semanas antes de la Pascua en el llamado domingo de "cuadragésima". Pero en los siglos VI-VII cobró gran importancia el ayuno como práctica cuaresmal. 

Y aquí surgió un inconveniente: desde los orígenes nunca se ayunó, como hemos visto, en día domingo por ser "día de fiesta", la celebración del día del Señor. Entonces, corrieron el comienzo de la Cuaresma al miércoles previo al domingo de Cuaresma para que, quitando los domingos, que no se ayunaba, siguieran sumando 40 días.
ACTIVIDADES INTERACTIVAS














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Dibujos de Cuaresma


Más recursos sobre la Cuaresma en este blog:


MENSAJE PARA LA CUARESMA, 2013


Benedicto XVI
CREER EN LA CARIDAD SUSCITA CARIDAD
«Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1 Jn 4,16)
Queridos hermanos y hermanas: La celebración de la Cuaresma, en el marco del Año
de la fe, nos ofrece una ocasión preciosa para meditar sobre la relación entre fe y caridad:
entre creer en Dios, el Dios de Jesucristo, y el amor, que es fruto de la acción del Espíritu
Santo y nos guía por un camino de entrega a Dios y a los demás.
LA FE COMO RESPUESTA AL AMOR DE DIOS
En mi primera Encíclica expuse ya algunos elementos para comprender el estrecho
vínculo entre estas dos virtudes teologales, la fe y la caridad. Partiendo de la afirmación
fundamental del apóstol Juan: «Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído
en él» (1 Jn 4,16), recordaba que «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una
gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo
horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva... Y puesto que es Dios quien nos ha
amado primero (cf. 1 Jn 4,10), ahora el amor ya no es sólo un "mandamiento", sino la
respuesta al don del amor, con el cual Dios viene a nuestro encuentro» (Deus caritas est, 1).
La fe constituye la adhesión personal - que incluye todas nuestras facultades - a la revelación
del amor gratuito y «apasionado» que Dios tiene por nosotros y que se manifiesta plenamente
en Jesucristo. El encuentro con Dios Amor no sólo comprende el corazón, sino también el
entendimiento: «El reconocimiento del Dios vivo es una vía hacia el amor, y el sí de nuestra
voluntad a la suya abarca entendimiento, voluntad y sentimiento en el acto único del amor.
Sin embargo, éste es un proceso que siempre está en camino: el amor nunca se da por
"concluido" y completado» (ibídem, 17). De aquí deriva para todos los cristianos y, en
particular, para los «agentes de la caridad», la necesidad de la fe, del «encuentro con Dios en
Cristo que suscite en ellos el amor y abra su espíritu al otro, de modo que, para ellos, el amor
al prójimo ya no sea un mandamiento por así decir impuesto desde fuera, sino una
consecuencia que se desprende de su fe, la cual actúa por la caridad» (ib., 31a). El cristiano es
una persona conquistada por el amor de Cristo y movido por este amor - «caritas Christi urget
nos» (2 Co 5,14) -, está abierto de modo profundo y concreto al amor al prójimo (cf. ib., 33).
Esta actitud nace ante todo de la conciencia de que el Señor nos ama, nos perdona, incluso
nos sirve, se inclina a lavar los pies de los apóstoles y se entrega a sí mismo en la cruz para
atraer a la humanidad al amor de Dios.
«La fe nos muestra a Dios que nos ha dado a su Hijo y así suscita en nosotros la firme
certeza de que realmente es verdad que Dios es amor... La fe, que hace tomar conciencia del
amor de Dios revelado en el corazón traspasado de Jesús en la cruz, suscita a su vez el amor.
El amor es una luz -en el fondo la única- que ilumina constantemente a un mundo oscuro y
nos da la fuerza para vivir y actuar» (ib., 39). Todo esto nos lleva a comprender que la
principal actitud característica de los cristianos es precisamente «el amor fundado en la fe y
plasmado por ella» (ib., 7).
2.LA CARIDAD COMO VIDA EN LA FE
Toda la vida cristiana consiste en responder al amor de Dios. La primera respuesta es
precisamente la fe, acoger llenos de estupor y gratitud una inaudita iniciativa divina que nos
precede y nos reclama. Y el «sí» de la fe marca el comienzo de una luminosa historia de
amistad con el Señor, que llena toda nuestra existencia y le da pleno sentido. Sin embargo, 2
Dios no se contenta con que nosotros aceptemos su amor gratuito. No se limita a amarnos,
quiere atraernos hacia sí, transformarnos de un modo tan profundo que podamos decir con san
Pablo: ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí (cf. Ga 2,20).
Cuando dejamos espacio al amor de Dios, nos hace semejantes a él, partícipes de su
misma caridad. Abrirnos a su amor significa dejar que él viva en nosotros y nos lleve a amar
con él, en él y como él; sólo entonces nuestra fe llega verdaderamente «a actuar por la
caridad» (Ga 5,6) y él mora en nosotros (cf. 1 Jn 4,12).
La fe es conocer la verdad y adherirse a ella (cf. 1 Tm 2,4); la caridad es «caminar» en
la verdad (cf. Ef 4,15). Con la fe se entra en la amistad con el Señor; con la caridad se vive y
se cultiva esta amistad (cf. Jn 15,14s). La fe nos hace acoger el mandamiento del Señor y
Maestro; la caridad nos da la dicha de ponerlo en práctica (cf. Jn 13,13-17). En la fe somos
engendrados como hijos de Dios (cf. Jn 1,12s); la caridad nos hace perseverar concretamente
en este vínculo divino y dar el fruto del Espíritu Santo (cf. Ga 5,22). La fe nos lleva a
reconocer los dones que el Dios bueno y generoso nos encomienda; la caridad hace que
fructifiquen (cf. Mt 25,14-30).
EL LAZO  INDISOLUBLE ENTRE FE Y CARIDAD
A la luz de cuanto hemos dicho, resulta claro que nunca podemos separar, o incluso
oponer, fe y caridad. Estas dos virtudes teologales están íntimamente unidas por lo que es
equivocado ver en ellas un contraste o una «dialéctica». Por un lado, en efecto, representa una
limitación la actitud de quien hace fuerte hincapié en la prioridad y el carácter decisivo de la
fe, subestimando y casi despreciando las obras concretas de caridad y reduciéndolas a un
humanitarismo genérico. Por otro, sin embargo, también es limitado sostener una supremacía
exagerada de la caridad y de su laboriosidad, pensando que las obras puedan sustituir a la fe.
Para una vida espiritual sana es necesario rehuir tanto el fideísmo como el activismo
moralista.
La existencia cristiana consiste en un continuo subir al monte del encuentro con Dios
para después volver a bajar, trayendo el amor y la fuerza que derivan de éste, a fin de servir a
nuestros hermanos y hermanas con el mismo amor  de Dios. En la Sagrada
Escritura vemos que el celo de los apóstoles en el anuncio del Evangelio que suscita la fe está
estrechamente vinculado a la solicitud caritativa respecto al servicio de los pobres (cf. Hch
6,1-4). En la Iglesia, contemplación y acción, simbolizadas de alguna manera por las figuras
evangélicas de las hermanas Marta y María, deben coexistir e integrarse (cf. Lc 10,38-42). La
prioridad corresponde siempre a la relación con Dios y el verdadero compartir evangélico
debe estar arraigado en la fe (cf. Audiencia general 25 abril 2012). A veces, de hecho, se tiene
la tendencia a reducir el término «caridad» a la solidaridad o a la simple ayuda humanitaria.
En cambio, es importante recordar que la mayor obra de caridad es precisamente la
evangelización, es decir, el «servicio de la Palabra». Ninguna acción es más benéfica y, por
tanto, caritativa hacia el prójimo que partir el pan de la Palabra de Dios, hacerle partícipe de la
Buena Nueva del Evangelio, introducirlo en la relación con Dios: la evangelización es la
promoción más alta e integral de la persona humana. Como escribe el siervo de Dios el Papa
Pablo VI en la Encíclica Populorum progressio, es el anuncio de Cristo el primer y principal
factor de desarrollo (cf. n. 16). La verdad originaria del amor de Dios por nosotros, vivida y
anunciada, abre nuestra existencia a aceptar este amor haciendo posible el desarrollo integral
de la humanidad y de cada hombre (cf. Caritas en veritate, 8).
En definitiva, todo parte del amor y tiende al amor. Conocemos el amor gratuito de
Dios mediante el anuncio del Evangelio. Si lo acogemos con fe, recibimos el primer contacto 3
- indispensable - con lo divino, capaz de hacernos «enamorar del Amor», para después vivir y
crecer en este Amor y comunicarlo con alegría a los demás.
A propósito de la relación entre fe y obras de caridad, unas palabras de la Carta de san
Pablo a los Efesios resumen quizá muy bien su correlación: «Pues habéis sido salvados por la
gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios; tampoco viene
de las obras, para que nadie se gloríe. En efecto, hechura suya somos: creados en Cristo Jesús,
en orden a las buenas obras que de antemano dispuso Dios que practicáramos» (2,8-10). Aquí
se percibe que toda la iniciativa salvífica viene de Dios, de su gracia, de su perdón acogido en
la fe; pero esta iniciativa, lejos de limitar nuestra libertad y nuestra responsabilidad, más bien
hace que sean auténticas y las orienta hacia las obras de la caridad. Éstas no son
principalmente fruto del esfuerzo humano, del cual gloriarse, sino que nacen de la fe, brotan
de la gracia que Dios concede abundantemente. Una fe sin obras es como un árbol sin frutos:
estas dos virtudes se necesitan recíprocamente. La cuaresma, con las tradicionales
indicaciones para la vida cristiana, nos invita precisamente a alimentar la fe a través de una
escucha más atenta y prolongada de la Palabra de Dios y la participación en los sacramentos
y, al mismo tiempo, a crecer en la caridad, en el amor a Dios y al prójimo, también a través de
las indicaciones concretas del ayuno, de la penitencia y de la limosna.
PRIORIDAD DE LA FE, PRIMADO DE LA CARIDAD
Como todo don de Dios, fe y caridad se atribuyen a la acción del único Espíritu Santo
(cf. 1 Co 13), ese Espíritu que grita en nosotros «¡Abbá, Padre!» (Ga 4,6), y que nos hace
decir: «¡Jesús es el Señor!» (1 Co 12,3) y «¡Maranatha!» (1 Co 16,22; Ap 22,20).
La fe, don y respuesta, nos da a conocer la verdad de Cristo como Amor encarnado y
crucificado, adhesión plena y perfecta a la voluntad del Padre e infinita misericordia divina
para con el prójimo; la fe graba en el corazón y la mente la firme convicción de que
precisamente este Amor es la única realidad que vence el mal y la muerte. La fe nos invita a
mirar hacia el futuro con la virtud de la esperanza, esperando confiadamente que la victoria
del amor de Cristo alcance su plenitud. Por su parte, la caridad nos hace entrar en el amor de
Dios que se manifiesta en Cristo, nos hace adherir de modo personal y existencial a la entrega
total y sin reservas de Jesús al Padre y a sus hermanos. Infundiendo en nosotros la caridad, el
Espíritu Santo nos hace partícipes de la abnegación propia de Jesús: filial para con Dios y
fraterna para con todo hombre (cf. Rm 5,5).
La relación entre estas dos virtudes es análoga a la que existe entre dos sacramentos
fundamentales de la Iglesia: el bautismo y la Eucaristía. El bautismo (sacramentum fidei)
precede a la Eucaristía (sacramentum caritatis), pero está orientado a ella, que constituye la
plenitud del camino cristiano. Análogamente, la fe precede a la caridad, pero se revela
genuina sólo si culmina en ella. Todo parte de la humilde aceptación de la fe («saber que Dios
nos ama»), pero debe llegar a la verdad de la caridad («saber amar a Dios y al prójimo»), que
permanece para siempre, como cumplimiento de todas las virtudes (cf. 1 Co 13,13).
Queridos hermanos y hermanas, en este tiempo de cuaresma, durante el cual nos
preparamos a celebrar el acontecimiento de la cruz y la resurrección, mediante el cual el amor
de Dios redimió al mundo e iluminó la historia, os deseo a todos que viváis este tiempo
precioso reavivando la fe en Jesucristo, para entrar en su mismo torrente de amor por el Padre
y por cada hermano y hermana que encontramos en nuestra vida. Por esto, elevo mi oración a
Dios, a la vez que invoco sobre cada uno y cada comunidad la Bendición del Señor.
Vaticano, 15 de octubre de 2012

domingo, 27 de enero de 2013

Marcadores en el grupo Clase de Religión en Mister Wong (IV)


Comparto algunos de los últimos marcadores descubiertos en el Grupo Colaborativo “Clase de Religión” en Mister Wong*.
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¡Os animo a participar en este grupo! *
Este artículo ha sido publicado en www.auladereli.es

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EL CONCILIO VATICANO II

Cómic: El Concilio Vaticano II

comic_cvii_web

El Concilio en viñetas inunda la red

Basta poner "Concilio Vaticano II cómic" y el buscador se inunda de páginas web, blogs e imágenes del cómic que ha publicado la Delegación Diocesana para la Causa de los Santos de Málaga, con motivo del Año de la Fe. Con el título: "Concilio Vaticano II. Huracán de un nuevo Pentecostés", recoge el desarrollo de este acontecimiento fundamental de la historia reciente de la Iglesia Católica.
Son numerosos los lugares de España y Latinoamérica a los que ha llegado vía internet, la mayoría de ellos, no sólo hablan de la publicación, sino que además ponen a disposición del usuario el pdf del propio cómic titulado "Concilio Vaticano II. Huracán de un nuevo Pentecostés", que recoge el desarrollo de este acontecimiento fundamental de la historia reciente de la Iglesia Católica. Tanto su guionista, Pedro Sánchez Trujillo, como sus dibujantes Raquel Bernal y Curro Cervantes, se muestran encantados con esta repercusión que ha alcanzado.

domingo, 20 de enero de 2013

MÚSICA DE PAZ

Paz, paz, paz...JUANES


VÍDEO MUSICAL DE JUANES

Paz, paz, paz

TRABAJAR POR LA PAZ





 BIENAVENTURADOS 
LOS QUE TRABAJAN 
POR LA PAZ

(...)Las numerosas iniciativas de paz que enriquecen el mundo atestiguan la vocación innata de la humanidad hacia la paz
El deseo de paz es una aspiración esencial de cada hombre, y coincide en cierto modo con el deseo de una vida humana plena, feliz y lograda. En otras palabras, el deseo de paz se corresponde con un principio moral fundamental, a saber, con elderecho y el deber a un desarrollo integral, social, comunitario, que forma parte del diseño de Dios sobre el hombre.El hombre está hecho para la paz, que es un don de Dios.(...)
 (...)
Jesucristo nos da la verdadera paz que nace del encuentro confiado del hombre con Dios (...) La paz es al mismo tiempo undon mesiánico y una obra humana (...)

La paz concierne a la persona humana en su integridad e implica la participación de todo el hombre. Se trata de paz con Diosviviendo según su voluntad. Paz interior con uno mismo, y paz exterior con el prójimo y con toda la creación. (...)

Para llegar a ser un auténtico trabajador por la paz, es indispensable cuidar la dimensión trascendente y el diálogo constante con Dios, Padre misericordioso (...)

La realización de la paz depende en gran medida del reconocimiento de que, en Dios, somos una sola familia humana
(...)

La paz no es un sueño, no es una utopía: la paz es posible (...)

Jesús es nuestra paz, nuestra justicia, nuestra reconciliación (cf. Ef2,14; 2Co 5,18). El que trabaja por la paz, según la bienaventuranza de Jesús, es aquel que busca el bien del otro, el bien total del alma y el cuerpo, hoy y mañana.(...)

Leer más  en:
Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2013

  

 

Oración por la Paz de San Francisco de Asís


Señor, hazme un instrumento de tu paz:
donde haya odio, ponga yo amor,
donde haya ofensas, ponga yo perdón,
donde haya discordia, ponga yo unión,
donde haya error, ponga yo verdad,
donde haya duda, ponga yo fe,
donde haya desesperación, ponga yo esperanza,
donde haya tiniebla, ponga yo luz,
donde haya tristeza, ponga yo alegría.

Oh, Señor, haz que yo no busque tanto
el ser consolado como consolar,
el ser comprendido, como comprender,
el ser amado, como amar.

Porque dando es como se recibe,
olvidándose de sí es como se encuentra,
perdonando es como se es perdonado,
muriendo es como se resucita para la vida eterna. Amen.
 


SUGERENCIAS PARA TRABAJAR:

* Inventa un dibujo y una frase sobre la construcción de la  paz
* Crea un acróstico con la palabra PAZ
* Escribe un cuento sobre los constructores de la paz
* Recoge fotos, noticias, artículos de prensa .... en los que aparezcan gestos constructores de paz
Selecciona alguna canción con el tema de la paz
Construye un juego de la oca sobre la paz
* Elige algún personaje de la historia que haya trabajado por la paz y anota algunos datos de su vida.
Publicado por 


IMÁGENES SOBRE LA PAZ

IMÁGENES QUE HABLAN DE PAZ



30 de Enero
Día escolar de la Paz y la No violencia


DÍA DE LA PAZ
  


 

   

      

  

 

    

    




DÍA DE LA PAZ

ELIJAMOS LA PAZ

SUEÑA


¡AY, yo no pego!



CUENTO PARA LA PAZ